He conquistado a la Perséfone de Febrero. Urías me llama de su manto incesante con su toque de trombones y esferas doradas haciendo magia desde el cielo. El violáceo rostro de Irdina se me aparece en sueños. Sus ojos ambarinos desatan en mí el deseo. Nubes negras colonizan mi rostro, y me acompañan en cada rincón claro que visito. Tengo ocho perlas bien jugosas, las traigo del por allá para acá. El pulpo Gerardo me ha brindado sus maldiciones. Y yo ya he partido para la Ría Brava en la costa de Caña. He sucumbido a vendavales de nieve, a océanos de soledad y a trémulas gargantúas. Maldigo el AMANECER bendito. Me tumbo en los panales de Adosofora la Bella, la Ilustre y la Magnífica. Y contemplo el feniche. Yo le temo al feniche, pues en él habita el bien y el mal. Os han enseñado mal la astronomía. Pues la Tierra no gira sobre sí misma. Gira alrededor del Feniche. El feniche no da vueltas alrededor del Sol. El Sol gira alrededor del feniche. QUÉ HAMBR...